lunes, 28 de marzo de 2016

JOHAN 3D 05

                                                     JOHAN 3D05



Considerad y meditad que el mismo Leibniz quiso continuar el arte combinatorio de Raimon Llull, el doctor iluminado. Las ruedas combinatorias funcionaban gracias a un hilo rojo que las atravesaba por el centro y que estaba cosido al pergamino y de Noche decía que seguían rodando en el Sueño, como las ruedas del Fuego Ardiente, tal y como quería Heráclito el Oscuro.


                                                       Salvador Dalí, Marqués de Dalí de Púbol
                                                                  Figueres, 1 de noviembre de 1985







A través de los vidrios polarizados de unas gafas de diseño futurista, Horacio Mendoza observaba complacido el césped verde y brillante del Camp Nou, bañado por una tamizada luz eléctrica.
  El hombre respiró profundamente. Un olor potente de puros habanos, junto con un puñado de rumores de fondo, gritos y bocinas de barco le llegaron al cerebro. Estas sensaciones constituían por Horacio Mendoza entrañables vivencias, asociadas a una noche de fútbol en el estadio barcelonista.
Ya faltaba poco para el inicio del partido. "Hoy no podemos fallar, tenemos que ganar", gritó Horacio Mendoza mirando a un público que no la escuchaba.
Cómodamente sentado en un asiento de la primera grada, muy cerca del gol Norte, el hombre observaba la bien trenzada red de la portería donde el portero Vítor Baía estaba realizando ejercicios de calentamiento.
Blaugrana al vent, tenim un nom, el sap tot-hom ... !!! Barça, Baaarça, Baaaaaaaarça !!!
  El hombre tenía la piel de gallina. La noche primaveral invitaba a soñar. El cielo de color violeta daba al partido un aire más mágico aún.
Horacio Mendoza se acariciaba la barba blanca con impaciencia. Observaba como los capitanes del Barça y del Real Madrid, Xavi y Raúl, se saludaban en el círculo central, bajo la atenta mirada del árbitro, que vestía una camiseta de un color amarillo canario de lo más llamativo.
  "Los venceremos sin piedad", explicaba Horacio Mendoza a sus vecinos de asiento. "Este año tenemos que ganar la Champions!"
A través de un pequeño auricular, la inconfundible voz de Joaquim María Puyal comentaba las noticias previas al partido. Como era habitual en él también daba su visión estratégica del futuro del club, e introducía cuñas publicitarias del patrocinador de Fútbol en Cataluña Radio que como todo el mundo sabe es la Caixa.
El barcelonismo estaba un poco herido por los últimos acontecimientos, pero ahora era el momento de estar todos unidos, haciendo piña. Miles de banderas azulgranas y banderas se agitaban en el aire con un ritual ancestral.
El público entonaba cánticos y hacía la ola. Las peñas barcelonistas de todo el país habían desplegado como de costumbre sus pancartas.
Pronto llegó la primera gran alegría de la noche. "Saviola, Saviola, Saviooola, ... sos Macanudo", gritaba Puyal. El pequeño jugador argentino se había fugado de la acometida de Hierro y Roberto Carlos y de disparo colocado había introducido el cuero dentro de la portería de un desconsolado Casillas.
Ahora sí que todo el campo era un clamor.
La jugada parecía haber sido ejecutada a cámara lenta, como si en Saviola hubiera sido un jugador de dibujos animados, recordando los movimientos del inolvidable brasileño Romario.
La masa barcelonista estalló en un delirio colectivo irrefrenable. Una fiebre azulgrana entre enfermiza, cósmica y enloquecida hacía que casi cien mil espectadores fueran transportados a otra dimensión con un fervor inusitado.
En estos momentos el sentimiento por el Barça estaba por encima del bien y del mal, era casi una religión para miles de aficionados.
Entonces en la mente de Horacio Mendoza llegaron vivencias casi desaparecidas de su memoria. Recordó un gol marcado por el genial Marcial Pina en viejo campo de Atocha de San Sebastián. El Barça y la Real Sociedad estaban empatando a uno, cuando el rubio jugador barcelonista cogió el balón en el centro del campo y se dirigió como un rayo hacia la portería contraria, entró dentro del área grande y tras un driblar en seco empalmó un fuerte disparo cruzado que hizo inútil la estirada del portero Esnaola. Aún recordaba el delirio del inolvidable comentarista Agustín Rodríguez gritando por las ondas de Radio Juventud de Barcelona: "!Marcial, Marcial, ha sido Marcial, ha sido un tanto que acredita a un jugador!"
También le venían a la cabeza algunos de los goles irrepetibles de Carles Rexach, cuando sus piernas arrojaban cañonazos de fuego imparables. Entonces, como por arte de magia sintió en su cerebro las notas del antiguo himno: ¡Barça, Barça, Barça, Barça es el grito que por los aires pregona el espíritu y la gloria del club, Barça, Barça, Barça es el grito que los corazones hermana, el pasado el presente y el futuro!
Horacio Mendoza recordó también con nostalgia los entrañables locutores Miguel Ángel Valdivieso y José Félix Pons que tantos goles épicos también habían narrado.
Como había dicho Albert Einstein, pensó Horacio Mendoza: Para la física la diferencia entre pasado y futuro es una ilusión.



De pronto todas las miradas se centraron en una enorme sábana que se estaba desplegando y en la que se podía leer con grandes letras: Figo eres un Judas.
  Todo el mundo empezó a aplaudir frenéticamente. Sobre el césped el jugador portugués parecía no darse cuenta de lo que pasaba en la grada.
"Recuerdo un partido contra el Real Madrid, en que los aficionados del gol Norte comenzaron a gritar: ¡Juanito ... trabaja de peón ! El jugador como toda respuesta replicó marcando un gol a la salida de un córner. No se puede tentar al destino, " le explicó Horacio Mendoza a su vecino de asiento.


En la media parte, Horacio Mendoza estaba satisfecho. Con un gol de ventaja el Barça tenía muy cerca la clasificación para la gran final. Aquella era una noche llena de magia.
La segunda parte era muy disputada. Había muchas jugadas de peligro. El público animaba con fuerza, pero Horacio Mendoza echaba de menos con añoranza al estimado seguidor barcelonista Tortosa, con sus cabellos blancos como la nieve, que se pasaba los partidos alrededor del rectángulo de juego animando a la gente: "!!!Barcelonistas de corazón , decid conmigo: Barça, Barça, Barça !!! "
  El hombre gritaba hasta perder literalmente la voz y entonces el equipo azulgrana volaba hacia el infinito.


Se estaba jugando el tiempo de descuento y el Barça necesitaba otro gol. Fue entonces cuando Cruyff con su elegancia de costumbre dribló a dos jugadores blancos. Los culés gritaron todos a una: ¡Gooool!, pero en ese momento la pierna de Hierro impactó con la de Cruyff y el jugador barcelonista cayó al suelo. El árbitro, después de unos segundos interminables señaló con resolución el punto de penalti. "Penalti", decía todo el mundo. "Penalti", repetía exultante Puyal.
 Cruyff cogió con decisión el esférico y la puso con cuidado sobre el punto fatídico. El corazón del Horacio Mendoza latió con fuerza. "!Cardiólogos de Barcelona tendréis trabajo hoy !," gritaba Puyal.
Cruyff estaba frente al portero Casillas, que intentaba, bajo los palos, distraer la atención del jugador barcelonista. Se produjo un segundo de silencio que duró una eternidad. Parecía que el tiempo se hubiese detenido.
Finalmente Cruyff empezó a correr hacia la pelota con firmeza y soltó la pierna derecha.
En ese momento Horacio Mendoza oyó una voz que gritaba: ¡Papa, papa, es ya muy tarde, tienes que ir a dormir!


Horacio Mendoza, resignado, como cada noche se quitó las gafas de cristales polarizados y desconectHoracio icionado culé gozaba dela                              ó el sistema informático.
El hombre dejó el sistema emisor de imágenes virtuales sobre la mesa, al lado de la computadora.
El ingenio óptico de última generación estaba equipado con una fuente de rayos láser que producía imágenes tridimensionales de una calidad increíble.
El programa, un videojuego llamado BARÇA 3D05 era capaz de simular cualquier partido de la historia del club azulgrana. Un sistema aleatorio generaba jugadas y hacía que cada partido fuera diferente, regido por las reglas caprichosas del azar.
  El Barça podía enfrentarse a cualquier rival en cualquier tipo de competición (Liga, Copa de Europa, Trofeo Gamper, ...). La emoción estaba garantizada.
  Horacio Mendoza vivía los partidos en medio de la grada del estadio, con el sonido ambiental característico, e incluso podía ver a sus vecinos de localidad virtual. Eso sí, éstos no le podían responder las muchas preguntas que él les dirigía. Pero esto a Hilario Mendoza le daba igual. Estaba acostumbrado a lanzar al mundo preguntas sin respuesta.
  Horacio Mendoza podía escoger el ángulo de visión desde donde contemplar el acontecimiento deportivo y también la climatología deseada.
El programa estaba también dotado de un auricular por el que se podía escuchar el partido en la voz del locutor preferido. El aficionado culé gozaba de los comentarios radiofónicos, como complemento de lo que estaba viendo en directo con sus propios ojos.


     Horacio Mendoza, como cada noche se despidió de su familia y se metió en la cama. Mañana probablemente podría asistir a otro vibrante partido virtual. "Quizás disfrutaré de una final de la Champions contra el Inter de Milán", pensaba el hombre. Y a su mente resonarán las notas armónicas de una canción de Serrat: "Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón ..."
Con el BARÇA 3D05 Horacio Mendoza había comprendido que la ejecución de un juego hermético producía un placer intelectual inaudito, quizás porque era la proyección mágica de otro juego, el de la vida: apasionado, infinito, ...
Aunque las condiciones iniciales fueran siempre las mismas, hechos tan aleatorios, como que la pelota tocara el poste de la portería y se perdiera por la línea de fondo o terminara dentro de la red, tejían la historia inexorable de cada partido.
Con el fútbol virtual el aficionado disfrutaba de los caprichos del azar y vivía intensamente cada jugada, aunque supiera que todas eran irreales, como irreal era el mundo.
El Horacio Mendoza apagó la luz. La oscuridad invadió el dormitorio.
El pequeño transistor le trajo la melodía familiar del Café Baviera de RAC 1.
Horacio Mendoza como cada noche se adormece sintiendo los comentarios de la actualidad barcelonista.
   Quizás soñaría con un jugador llamado Johan Cruyff, preparado para lanzar un penalti. Iker Casillas intentaría lo imposible.
Horacio Mendoza estaba a punto de desvelar el enigma de la historia. El Puyal virtual estaba listo para cantar el gol.
Pasado y futuro se confundían en un sueño inconcluso.



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