“Los límites de mi
lenguaje son los límites de mi mundo”. Esta reflexión del filósofo vienés
Lugwing Wittgenstein, uno de los más preclaros del siglo XX, resume de manera
síntetica su visión sobre la filosofía del lenguaje. La obra de Wittgenstein, expresada
en aforismos como si de un libro sagrado se tratara, bucea en la interpretación
del significado del lenguaje e indirectamente trata de establecer la relación
entre éste y la realidad. Este planteamiento wittgensteniano define el alcance de nuestra realidad ingenua, la que nos permite contemplar el universo cómo
exactamente nosotros lo vemos.
John Locke, un pensador inglés del siglo XVII, considerado el padre del empirismo, había
expuesto que las ideas emanan de nuestra experiencia sensible, atribuyendo al
lenguaje una finalidad comunicativa. Para Locke las palabras eran signos de concepciones internas. El
lenguaje es una eficaz forma de
comunicación, al igual que los gestos, el olfato, los sonidos o el tacto.
Las palabras, la gramática y la semántica son algunos sillares del lenguaje y
han ido progresando de forma evolutiva, aportando precisión y restando
ambigüedad a la comunicación. El lenguaje además de hablado puede ser escrito y
por razones histórico-geográficas posee diferentes modalidades que llamamos idiomas.
San Agustín en las Confesiones consideraba que adquirimos el lenguaje mediante un
aprendizaje por ostensión, conociendo el significado de las palabras al
vincularlas a su uso. Estas ideas de Agustín
de Hipona influyeron notablemente en la filosofía
wittgeinstiana.
A los seres, objetos
y conceptos les asignamos palabras que los identifiquen. Es una manera de
etiquetar fragmentos de realidad para disponer posteriormente de patrones de
referencia a los que podamos acudir para comunicarnos. A su vez, las reglas
gramaticales y de uso del lenguaje nos sirven para establecer proposiciones
lógicas que relacionen de forma inequívoca los distintos términos que forman
parte de nuestro diccionario lingüístico. El lenguaje es una consecuencia de la
actividad cerebral y alguna de sus propiedades como la memoria son factores determinantes en la eficacia y utilidad del mismo.
La estructura del
lenguaje y el conjunto de palabras que lo integran ayudan a pensar con claridad,
evitando la confusión. Asimismo, un pensamiento conciso ayuda a desarrollar un
lenguaje dotado de lógica y eficacia. La relatividad
lingüística de Sapir–Whorf
establece que existe una relación entre las categorías
gramaticales del lenguaje y la forma de conceptualizar el mundo. Lenguaje y
pensamiento se retroalimentan en avance
progresivo hacia la excelencia en la
comunicación. Se considera que el lenguaje como expresión comunicativa es el
resultado de la eliminación de la materia y la energía de un acontecimiento. El
lenguaje como expresión de ideas abstractas y simbólicas ha sido un factor
clave en el desarrollo de la inteligencia humana y es lo que nos diferencia
realmente del resto de los animales.
El eminente filósofo
alemán Gottob Fredge defendía que
los significados de las palabras pertenecen a la sociedad y no a las mentes de
los individuos. Lo que es exclusivo de las personas son sus representaciones
subjetivas, de las que las palabras no son signos de representaciones internas
como aseveraba John Locke.
Wittgenstein mantenía
constantes discusiones metafísicas con su amigo Fredge y con su maestro Bertran Russel, acerca del significado
profundo del lenguaje. Wittgenstein en el
Tractatus logico-philosophicus consideraba el lenguaje como forma a priori kantiana que estructura
el pensamiento y expresa la verdadera naturaleza de sus límites. Algunas reminiscencias
kantianas las encontramos también en Jorge Luis Borges, que entendía el
lenguaje como parte de la ficción y por esto aseguraba que no puede
transmitirnos un conocimiento idóneo del mundo.
En el Tractatus logico-philosophicus subyace una teoría de la representación
figurativa del signo, como algo que hace las veces de idea o realidad. Los
signos son convencionales, y por eso hay múltiples idiomas, pero los
pensamientos no lo son. Sin embargo, hay expresiones que no se pueden exponer
mediante una comunicación cognoscitiva y que sólo se pueden mostrar. Una de
estas entidades es la estructura lógica de las construcciones lingüísticas.
Esta primera obra de Wittgenstein posee un carácter marcadamente dogmático,
como así reconocería posteriormente su autor. Es un análisis rigurososo de cómo
funciona el pensamiento humano y pretende explicar su verdadera naturaleza.
Proposiciones lógicas y tautologías constituyen el cuerpo de una nueva filosofía wittgeinsteniana. Las
proposiciones indecibles Gödelianas, nacidas como crítica al trabajo de Bertran
Russel, eran un desafío que motivaba
a Wittgenstein a rizar el rizo de las especulaciones filosóficas entorno a la
lógica matemática y su posible influencia en los sistemas lingüísticos.
Años después, Wittgenstein
se arrepintió de ciertas conclusiones expuestas en su Tractatus logico-philosophicus
y quiso rebatirlas en una nueva obra que tituló Investigaciones filosóficas. Según este nuevo estudio de Wittgenstein,
el lenguaje debe considerase en el seno mismo de los diversos contextos
comunicativos y de las reglas de uso de las palabras en dichos contextos. Se
pasa de la lógica subyacente al lenguaje, que era como un a priori kantiano, a la gramática real de los usos del lenguaje.
El lenguaje para Wittgenstein
es el resultado de su utilización, teniendo su razón de ser en contextos de
comunicación. Las palabras no son meras representaciones mentales de la
realidad. El juego del lenguaje debe ser contemplado como método heurístico. El lenguaje no posee la función paradigmática de
establecer la conexión esencial entre lenguaje y la realidad. El lenguaje es el
resultado de una rigurosa lógica matemática. A la propia filosofía
trascendental se le aplica un nuevo paso de rosca en busca de los hilos
invisibles del pensamiento.
El significado de una palabra debe ser abierto
y polisémico. La polisemia tiene su importancia, como manifiesta el físico catalán Ricard Solé, en los conglomerados neuronales,
que facilitan una estructura de mundo pequeño, que favorece enormente la
capacidad comunicativa. Wittgenstein defiende que ni el sentido, ni el valor
intrínseco de las palabras pueden establecerse al márgen de la realidad
cotidiana del lenguaje. Wittgenstein también analiza cuidadosamente las diferencias funcionales semióticas de
los signos linguísticos.
En su nueva
concepción del lenguaje, Wittgenstein cambia completamente su punto de
vista y rompe con la teoría de la figuración. Wittgenstein centra su interés en
los distintos juegos del lenguaje. Wittgenstein
pasa de la lógica a un discurso sin reflejos, a la distorsión en múltiples
lógicas locales, donde es imposible encontrar una certidumbre última. El
lenguaje es mucho más que palabras. Lo que hace al lenguaje es su uso, sus
prácticas de utilización en los diversos juegos. La gente aprende a hablar con
las prácticas y las formas de vida, que no se pueden describir. Los usos forman
diferentes significados y entre ellos sólo hay vagas semejanzas.
El estudio profundo
de la filosofía del lenguaje y sus significados llevó a Wittgenstein al
concepto de silencio metafísico. La ausencia
de lenguaje con sentido nos instala en la esfera de la ética, de la estética y
de la mística. El lenguaje es interpretado como elemento del espacio lógico. El
lenguaje acaba en una densa incomunicación, llena de sentido, pero que
paradójicamente no puede formularse.
Wittgenstein captó la
realidad a través del lenguaje, con todas sus variantes semánticas,
estructurales y culturales. Su mundo iluminaba su mente a través de sus
estudios eruditos sobre el lenguaje. Wittgenstein persiguió toda su vida lo absoluto. Este misticismo trascendente
le proporcionó momentos sublimes de gloria y felicidad. Cercana ya su muerte, no
obstante, la exaltación efímera de este mundo no tenía ya ningún valor para el
filósofo de la lógica lingüística. Su realidad
ingénua estuvo siempre mediatizada por el estudio de la metafísica del
lenguaje y la interpretación de los múltiples metalenguajes subyacentes.
BIBLIOGRAFÍA
1. Ludwig Wittgenstein. Tractatus logico-philosophicus. Alianza Editorial. Madrid, 2009.
2. Ludwig Wittgenstein. Investigaciones
filosóficas. Editorial Crítica. Barcelona, 2008.
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